Poder, dinero sucio e ignorancia: una combinación peligrosa
En San Juan Nepomuceno, la falta de preparación en quienes gobiernan se agrava cuando está sostenida por recursos económicos de dudoso origen.
Por Antonio Caballero.
En San Juan Nepomuceno no solo preocupa quién llega al poder, sino cómo llega y con qué respaldo se sostiene. La falta de preparación de algunos actores ya sería, por sí sola, un problema serio. Pero cuando esa ignorancia se apoya en abundantes recursos económicos —muchas veces mal habidos—, la situación deja de ser preocupante para volverse peligrosa.
Porque el dinero no solo compra bienes: también compra silencios, voluntades y complicidades. Y cuando ese dinero tiene origen dudoso, lo que se construye no es liderazgo, sino una estructura de poder basada en la impunidad.
Un ignorante con plata y poder no necesita saber: impone. No necesita escuchar: paga para que le den la razón. Se rodea de aduladores, desplaza a los capaces y gobierna desde una burbuja donde la realidad no incomoda y la crítica se castiga.
Las consecuencias están a la vista. Obras mal hechas, decisiones improvisadas, prioridades distorsionadas y una gestión que avanza sin rumbo claro. En San Juan Nepomuceno, estos no son hechos aislados: son señales de un modelo que se repite.
Pero el daño más grave no está en el cemento mal puesto ni en los proyectos fallidos. Está en el mensaje que se instala: que no importa la capacidad, que no importa el origen del dinero, que no importa la transparencia. Que basta con tener poder y recursos para hacer y deshacer.
Esa lógica degrada la vida pública, desalienta a quienes sí están preparados y empuja a la sociedad a naturalizar lo inaceptable.
La ignorancia en el poder siempre es un riesgo. Pero cuando se combina con dinero mal habido, se convierte en una amenaza directa al desarrollo, a la institucionalidad y a la confianza ciudadana.
Y frente a eso, el silencio no es una opción: es complicidad.












