Cuando los puentes se caen y las máquinas facturan
Opinión de Antonio Caballero

En San Juan Nepomuceno, los puentes y alcantarillas llevan años en ruinas. Vecinos cruzan a diario estructuras peligrosas mientras la municipalidad mira hacia otro lado. Pero lo más grave no es solo el abandono: es cómo se administran los recursos públicos.
Concejales y pobladores denuncian que las maquinarias viales utilizadas en los trabajos municipales pertenecen al propio intendente o a su círculo cercano, y que estas obras facturadas a la Municipalidad termina en la bolsa del jefe comunal. Es decir, mientras los vecinos sufren calles y puentes rotos, alguien (presuntamente el intendente) saca provecho político y económico de los bienes de todos.
El patrón es claro: se prioriza el enripiado de caminos donde las máquinas del intendente están operando, no donde la comunidad más lo necesita. La infraestructura que mantiene a salvo la vida cotidiana—puentes, alcantarillas, vías urbanas estratégicas—queda olvidada.
Un ejemplo: la calle Carlos Antonio López. Su alcantarilla de hormigón lleva años rota, afectando a vehículos y la salida de los bomberos hacia Abaí, y nadie hace nada. Mientras tanto, las máquinas ruedan donde se busca imagen pública y, probablemente, beneficios privados.
La pregunta es inevitable: ¿cree el intendente que puede engañar a la gente con obras a medias y máquinas propias cobrando al municipio? La comunidad ya no pide promesas: pide transparencia, gestión honesta y responsabilidad con los recursos públicos.
Porque mientras los puentes se caen, algunos están demasiado ocupados haciendo política con lo que debería ser infraestructura para todos.



