Locales

"Nos cargan para votar, nos sueltan para vivir."

Compartir:
"Nos cargan para votar, nos sueltan para vivir."

Por Antonio Caballero

"Pronto volverán a cargarte… pero solo hasta la urna."

La imagen lo dice todo: un grupo de personas ayudando a un adulto mayor a llegar hasta la urna. Un gesto noble, sin duda. Pero también una postal que se repite cada periodo electoral en nuestro país. Cuando hay elecciones, los políticos aparecen de golpe. Se multiplican. Visitan barrios, abrazan ancianos, reparten promesas. Ayudan a cruzar calles, ofrecen movilidad, se sientan a compartir tereré. De pronto, parecen preocuparse por todos.

Pero ¿y después? ¿Qué pasa cuando se apagan los altoparlantes, se bajan las carpas, y los votos ya están contados?

El mismo votante que fue alzado con tanto entusiasmo vuelve a su rutina diaria, muchas veces sin acceso a medicamentos, sin un centro de salud digno, con caminos intransitables, sin agua potable, sin servicios básicos. El abandono se instala como costumbre. La memoria corta juega a favor de quienes lucran con la necesidad ajena.

Esta imagen no solo retrata un momento. Es un símbolo del modelo clientelista que sigue reinando en muchas partes del país. Nos levantan cuando les conviene. Nos olvidan cuando más los necesitamos.

Y no hace falta mirar muy lejos para ver cómo esta práctica se sigue repitiendo con total normalidad. Un ejemplo actual, la realidad  en San Juan Nepomuceno: el intendente municipal, Derlis Molinas, en años anteriores, jamás invitó a un festejo de cumpleaños a los funcionarios municipales.

Nunca les ofreció ni una excusa para compartir, ni un gesto mínimo de reconocimiento. Pero este año decidió hacerlo. ¿Por qué? Porque pretende utilizar la ocasión como plataforma para lanzar su precandidatura a un nuevo periodo, pese a los graves cuestionamientos que pesan sobre su administración. No va a alzar a nadie en andas, pero busca mostrarse generoso, carismático, casi paternal, con el único objetivo de asegurar los votos de quienes tiene bajo su yugo.

Esta es la cara del oportunismo político. Se disfraza de cortesía, de agradecimiento, de cercanía, cuando en realidad es cálculo, estrategia y manipulación. Y muchas veces encuentra terreno fértil porque todavía hay quienes confunden atención con compromiso, y propaganda con gestión.

Es hora de cambiar este ciclo. Recordemos que el voto no es una deuda, es un derecho. Y exigir transparencia, coherencia y respeto es parte de nuestra ciudadanía. Que el próximo en alzarte para ir a votar también esté dispuesto a sostenerte después, cuando la campaña haya terminado y la realidad vuelva a golpearnos la puerta.

También podría gustarte...