El renacer del Ykua Kurusu: donde el agua vuelve a contar su historia
Tras años de abandono, el histórico Ykua Kurusu fue restaurado durante la gestión de Orlando Rojas y se convirtió en un emblema del renacer cultural y espiritual de San Juan Nepomuceno.
SAN JUAN NEPOMUCENO. Cuando Albertano Reyes (ANR) entregó el poder municipal a su sucesor, Orlando Rojas (PLRA), en el corazón de esta ciudad caazapeña aún persistía un pequeño bosque. Allí, entre raíces y sombras, yacía en el abandono el histórico Ykua Kurusu, aquel manantial que por generaciones había sido refugio de fe y memoria popular.
La desidia de las autoridades había dejado su marca en las piedras rojizas cubiertas de musgo, en los muros erosionados y en el entorno cubierto de suciedad. Sin embargo, el lugar conservaba su aire sagrado y antiguo: un silencio reverente, roto solo por el leve murmullo del agua que seguía brotando entre hojas secas y helechos.
Las raíces se aferraban a las paredes como si la selva intentara abrazar nuevamente el altar natural donde los pobladores, desde tiempos remotos, acudían a rezar y pedir milagros. En la parte posterior, una pequeña hornacina albergaba la cruz —el kurusu que da nombre al sitio—, símbolo humilde de fe y esperanza.

A pesar del abandono, el Ykua Kurusu seguía siendo un santuario de memoria viva. Las aguas parecían susurrar historias de promesas cumplidas, curaciones milagrosas y oraciones dichas en guaraní.
Pero aquel manantial olvidado renació durante la administración del liberal Orlando Rojas, a quien algunos detractores llamaban “el arribeño”. Lo que antes fue un rincón oculto entre raíces y piedras antiguas se transformó en un espacio luminoso, restaurado con respeto y cariño por la historia.

El manantial recuperó su esplendor: luces cálidas iluminaban los senderos de piedra, los muros fueron reconstruidos con precisión y la fuente, en forma de cruz, dejaba correr el agua cristalina bajo reflejos de neón. Las plantas ornamentales devolvían al entorno su frescura natural.
Sobre el muro principal, un cartel con las palabras “Ykua Kurusu – Místico, Legendario, Nuestro – San Juan Nepomuceno” recordaba la profunda identidad de este lugar: punto de encuentro entre lo sagrado y lo comunitario, entre la memoria y la esperanza.
Por las noches, el sitio se vestía de un resplandor casi mágico. Las luces abrazaban los árboles, y el murmullo del agua parecía entonar una oración por los nuevos tiempos.
Cuando Orlando Rojas dejó la administración municipal, en 2021, el Ykua Kurusu ya no era solo un manantial antiguo: era un símbolo renovado del espíritu nepomuceno, donde la devoción se unía a la belleza y a la conservación.










