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Crónica del Ykua Kurusu: el festival que nació del pueblo

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Crónica del Ykua Kurusu: el festival que nació del pueblo

El tradicional Festival Ykua Kurusu de San Juan Nepomuceno cumple 25 años de historia. Nacido en 1999 sin ordenanzas ni resoluciones, se instala este sábado 29 de noviembre en la calle, con entrada gratuita y el mismo espíritu comunitario buscando atraer publico.

Alejandro Palacio hizo vibrar al público, convirtiéndose en uno de los momentos más recordados de la historia del festival.

 

En Paraguay hay tradiciones que nacen en los libros, otras que se originan en las autoridades… y están aquellas que brotan del corazón de la gente. El Festival Ykua Kurusu de San Juan Nepomuceno pertenece a esta última categoría.

No tuvo una ordenanza ni resolución municipal que lo proclamara oficialmente: surgió en 1999, y su primera edición se realizó el 20 de noviembre de ese mismo año, en torno al murmullo del manantial del Ykua Kurusu y al fervor de una comunidad decidida a celebrar su propia historia. Ediciones posteriores ya fueron organizados por la comuna o departamento de cultura de la Municipalidad local, inclusive por la Asociación de Munsicos Nepomucenos..

Aquella jornada inaugural fue casi artesanal, montada en el predio del manantial bajo un cielo que parecía acompañar la intuición de que algo grande estaba comenzando. El año siguiente, por inclemencias del tiempo, el festival se trasladó al tinglado municipal —una edición incluso llegó a realizarse en el estadio Víctor González Acosta—, pero el tinglado terminó convirtiéndose en su escenario emblemático.

En la edición del 2019, El Festival Ykua Kurusu, fiel a su esencia, volvió a priorizar a los artistas locales como protagonistas del escenario.

El punto más alto llegó en 2019 durante la administración municipal del libaral Orlando Rojas. Ese año, el tinglado quedó chico ante una multitud nunca antes vista. Artistas de renombre, como Los Ojeda y Tierra Adentro, formaron parte del cartel, pero fue la presentación del colombiano Alejandro Palacio la que marcó una noche inolvidable. San Juan Nepomuceno vibró con una intensidad que muchos recuerdan como la cima del festival.

Luego llegó el silencio de la pandemia, un paréntesis obligado que apagó luces, guitarras y micrófonos. Cuando la actividad regresó, el festival ya debía competir con nuevas propuestas de la región: el Capiibary Purahei, Mburica Potrero y el Festival del Licor, entre otros. La tradición parecía perder fuerza.

El místico manantial del Ykua Kurusu, fuente de inspiración del festival y símbolo de la identidad de San Juan Nepomuceno.

 

Pero este 29 de noviembre, el Ykua Kurusu volverá a la esquina histórica donde se realizaron 23 ediciones. Por primera vez, la entrada será gratuita, buscando reunir un público numeroso y reencontrarse con su esencia popular.

Porque si algo tiene este festival es memoria. Recuerda a Germán Sosa, el hombre que soñó su existencia. Recuerda a la primera comisión, encabezada por Elvio Sánchez y acompañada por vecinos que aportaron más voluntad que recursos:
Cipriano Barreto, Cipriano Maidana, Félix Ocampo, Isabel Franco —la chipera del Mercado— y Carlos Ayala, quien llegaba con su carrito tirado por caballos para hacer lo que hiciera falta.

Recuerda también el primer apoyo radial: Capiibary FM, con el visto bueno de Óscar Paniagua y la difusión del programa folclórico de Ramón Cardozo, quien 26 años después sigue cantando, ahora acompañado por sus hijas Alejandra y Andrea.
Y también recuerda a Carlos Espínola, de Récord Disco, quien aportó el primer sistema de sonido, como quien enciende el interruptor que iluminaría muchos años por venir.

Germán Sosa, principal ideólogo del festival, explicó que el evento nació con el objetivo de promocionar a los artistas locales. El único foráneo que participó en aquella primera edición fue un arpista proveniente de Ciudad del Este, quien acompañó a Ever Bogado, y lo hizo con la autorización expresa de los organizadores.

Pero el festival no solo celebra música. Celebra historia. Celebra identidad. Celebra que San Juan Nepomuceno fue fundado el 20 de noviembre de 1797, una fecha que antes pasaba casi inadvertida y que, gracias a la insistencia del “foráneo” Germán Sosa, y a publicaciones de Antonio Caballero en ABC Color, volvió al centro de la memoria local.

El pergamino entregado a Ramón Cardozo, histórico locutor y músico nepomuceno, se conserva como un documento emblemático que reconoce su aporte al Festival Ykua Kurusu y a la memoria cultural de la ciudad.

 

Por eso, el Ykua Kurusu no es solo un espectáculo: es una forma de recordar de dónde venimos.
Una fiesta que nació del pueblo, creció con el pueblo y, veinticinco años después, sigue buscando reencontrarse con ese mismo pueblo para continuar escribiendo su historia.

Este 30 de noviembre, cuando se enciendan nuevamente las luces y suene el primer acorde, el Ykua Kurusu volverá a ser lo que siempre fue:
una celebración de identidad, memoria y pertenencia.

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