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El mandamás de Nepolandia y su travesía espiritual
Cuentan los pasilleros del poder que el mandamás de Nepolandia, siempre inquieto cuando se acercan los vientos electorales, emprendió un misterioso viaje “asha”, acompañado por una de las célebres Faber Castel.
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Según las que saben, la excursión no fue precisamente turística: el objetivo era visitar a un macumbero renombrado y pedirle una mano —o un conjuro— para asegurar el tan ansiado rekutu.
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La que viajó con su “tyke’ýra” fue nada menos que la media apepu de shinoceronte, mujer de coraje y billetera aprestada, dispuesta a contratar al brujo curepa que, según los entendidos en asuntos mbykykuéra, ya había hecho de las suyas en Nepolandia hace cuatro años.
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Por si alguien no recuerda, fue aquel mismo brujo al que mbyky y su séquito invocaron una noche, entre humo, quebrada de mbocaya y promesas, para conocer su suerte en las elecciones.
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Los asistentes eran los virutas del ex pelotero —el del sombrerito blanco— y otros próceres de la causa, quienes ayudaron a mbykycho a “comprar” su destino político con más fe que votos, para desgracia de los nepolandenses.
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Ahora, con el retorno del brujo y los tambores sonando de nuevo, los nervios están a flor de piel. Mi siquiatra —que algo entiende de síntomas colectivos— ya se frota las manos: dice que en Nepolandia pronto va a necesitar sucursal, porque la demanda de terapia política va a explotar.







